50 memorables

Cuando uno cumple años, el cambio de dígito, puede ser una experiencia intensa, llena de reflexiones existenciales. Así me ha tocado el fin de semana pasado. Yo que nunca tuve ningún rollo con la idea de “hacerme grande”, hice casi un ataque de pánico el día anterior a mi cumpleaños 50. Me di cuenta que era la última vez que tenía “cuarenta y algo” y me entró una fatiga, que la cuento sólo para que no se me haga maña.

No sabiendo si para el evento cabía una fiesta o una misa, decidí fugarme a Samaipata, al medio de las montañas, con mis tres hijos, la novia de uno de ellos, mi mascota y una gran amiga que empalmó casualidades para no dejarme escapar del todo. Fue un necesario encuentro con la paz, la alegría y el amor del bueno. Qué importante es salir de la rutina, darse permiso, tomarse la molestia de hacer algo distinto, lo que sea que esté al alcance de uno. En este caso, volví después de muchos años, a un lugar al que íbamos seguido cuando mi hermana, veinteañera, hacía su año de provincia y “mis niños” eran niños de verdad. La memoria me los trajo de nuevo en cada paisaje, cada olor, cada sensación térmica. Pude escuchar sus voces y su risa de chiquillos, mientras los miraba con una taza de café frente a mí, ahora, ya grandes. Los abracé por impulso, sin que ellos sepan qué me disparaba el arrebato.

El vidrio de una pequeña ventana del baño, en la cabaña, tenía un diseño que llamó mi atención mientras me duchaba. Yo había visto ese vitral en algún lado, no sabía dónde ni cuándo. Un recuerdo siguió al otro, hasta que sentí la casa de mis abuelos, en Potosí, donde pasé mi primera infancia. Yo sé que los malos recuerdos son acaparadores de nuestra memoria, pero no se olvida tampoco, aquello donde el amor rondó. Los tiempos más memorables son aquellos en los que recibes y regalas ternura,  no hay vuelta. De esos no te olvidas, cualquier olor, sabor o paisaje, dispara su recuerdo. Para mis cuarenta y diez, me regalé tiernos recuerdos de amor. Abracé, reí y besé con la ternura más genuina que tengo, para seguir construyendo vivencias y memoria, de la buena.

Feliz día papá

“Un papá es el que te cuida como hace una mamá”. (Isabella, 6 años).  “Isabella, hay papás que cuidan como nadie sabe cuidar”.

FELIZ DIA PARA TODOS LOS PAPÁS QUE SE PERMITIERON LA TERNURA, que se emocionaron con la manita chiquita de su recién nacido apretando su dedo, que entre carcajadas y arcadas cambiaron pañales, que abrazaron, cucharearon, se quemaron con el agua caliente al preparar una mamadera a media noche. A los que enseñaron a nadar, limpiaron mocos,  tomaron fotos de su niño durmiendo y las subieron a Facebook. Feliz día para los que llevaron y trajeron del colegio, y se bancaron estoicos los actos cívicos. Feliz día para los que callados, pensando “lo voy a matar”, soportaron el rosario de quejas de un profesor. Para los que se cabrearon de andar veinte mil tiendas buscando “EL” par de zapatillas que finalmente le gusten;  para los que hace años no ven una película «para grandes» porque cada sábado los chicos eligen Disney.  Para los que no durmieron esperando que lleguen a casa después de una fiesta. Feliz día para los que comieron galletas duras que se pasaron en el horno; para los que sufrieron y consolaron cuando alguien les rompió el corazón, se aplazaron de año o perdieron el partido. Feliz día para los que dijeron un NO rotundo cuando cabía, y para los que lagrimearon en el desfile de graduación. Feliz día para el que no se perdió ni una sola de las competencias de gimnasia y hasta abrió un Club para que nunca falte un lugar para entrenar.

A los papás de mi familia; a los amigos de mi corazón; ¡FELIZ DÍA!. Su amor y cuidado hará gente feliz y la gente feliz, hace cosas buenas.