En este cuento, George 13 (pseudónimo elegido por él), nos enseña que para el bienestar de un niño, el contacto afectivo o el compartir los juegos, es tan importante como el agua y la comida.
“Había una vez un perro que no le gustaba su familia porque siempre llegaban y le daban comida y agua y se iban para su cuarto y no jugaban con él y así era todos los días. Un día el perrito se llenó de valor y fue con todas su fuerzas contra la puerta, la rompió, se escapó y al día siguiente el perrito se arrepintió y no sabía cómo volver y después su familia lo estaba buscando, lo encontraron y de ahí en adelante, jugaron con el perrito todos los días y todos vivieron felices para siempre”. Fin.