Disfrutar es sano

“Lo tengo todo, pero no sé… creo que no estoy disfrutando”, me dijo.

Ser capaces de disfrutar en la vida, es una de las fortalezas emocionales más importantes. En medio de las dificultades que vivimos, disfrutar de lo disfrutable nos aligera peso y nos motiva para seguir adelante, restituye la calma en el cuerpo, fortaleciendo el ánimo y hasta el sistema inmunológico. Vivir bien tiene mucho que ver con nuestra capacidad de disfrute.

Disfrutar es vibrar con lo que nos da placer, con lo que nos interesa, nos gusta, nos da ese sentimiento de plenitud de adentro hacia afuera. Disfrutar de las cosas grandes en nuestra vida, como el nacimiento de una nieta o el retorno de un hijo que vivió mucho tiempo en el extranjero, tanto como  de las cosas chicas, una canción, el olor de  galletas recién horneadas, un chiste que por ahí nos llega, el árbol de nuestra cuadra florecido.

Sin embargo, a veces tenemos ideas que no nos permiten disfrutar. Pensamos que las responsabilidades sólo se cumplen bien con sacrificio, que si nos alegramos, somos desleales con alguien que sufre en nuestra familia, que el mundo está lleno de injusticias y violencias como para ponerse a disfrutar de una rica comida, que si disfruto, bajo la guardia y algo malo me puede pasar, que alguien cuerdo no se ríe sin control, etc, etc. Por último, a veces en el más extremo más cruel con nosotros mismos, no queremos disfrutar porque pensamos que nos han hecho tanto daño, que se tiene que notar. Como si nuestra amargura, resolviera algo en el mundo.

Disfrutar es sano.  Es bueno buscar vivir cosas lindas, aquello que se siente bien en el momento presente. Crear experiencias que puedan ser disfrutables y cuando las vivimos, tomarnos un tiempo para sentirlas y grabarlas en nosotros. Estas sensaciones lindas registradas en el cuerpo, son recursos emocionales que llevamos siempre con nosotros y hacen que esta vida sea infinitamente más llevadera.