Si alguna vez has sufrido los síntomas clásicos de ansiedad, esa opresión en el pecho, inquietud en tus piernas, sudoración profusa, problemas intestinales, insomnio, pensamientos de mal presagio con respecto a lo incierto, sabes bien que, en ese estado, uno siente que está atrapado y que no halla la forma de salir. Sin saber bien cómo ni por qué, un día, uno se ve envuelto en ese torbellino de sensaciones físicas, de emociones y pensamientos desagradables. Frente a situaciones de amenaza real o imaginaria, se enciende la alarma en nuestro organismo y de pronto, no hallamos sosiego, nos cuesta relajarnos y confiar. El miedo de que algo malo pase y el apremio de hacer algo para evitarlo se instalan como una feria ruidosa y molesta en el cuerpo y en la mente.
La ansiedad no hace diferencia de edades. En la consulta, con este malestar, recibimos por igual, niños, adolescentes y adultos. Algunos, experimentando por vez primera el desasosiego, otros, presos de él hace mucho tiempo, pensando que ya casi es su forma de ser. En una lucha constante contra su propia mente.
Es natural que, frente a esa sensación tan desagradable, lo primero que intentemos hacer sea eliminarla, “curarla”; pero, la ansiedad, en sí misma, no es una enfermedad. Es una respuesta normal, de un cuerpo sano, a la percepción de amenaza. Como tal, no podemos eliminarla. Es una emoción que resulta desagradable que, sin darnos cuenta, por desconocimiento, en el intento de controlarla, reducirla y eliminarla, hacemos cosas que la intensifican. Te doy dos ejemplos cotidianos: Nuestro hijo tiene miedo de ir al colegio, porque teme contagiarse alguna enfermedad. Por pena o por falta de fuerza frente a sus negativas, dejamos que se quede en casa solo por el día de hoy, pensando que ya mañana tendrá menos miedo; pero mañana su miedo ha crecido y ya empieza a sentir casi pánico. Un día más sin ir, y la noche antes, no concilia el sueño. La sensación de amenaza que no es afrontada crece.
Si empiezo a sentir los síntomas físicos de opresión en el pecho y dificultades para respirar con un miedo profundo y evito salir de casa por miedo a desmayarme en la oficina, ese día me quedo aliviada en casa; pero mañana el miedo a tener miedo en la oficina, no se habrá ido y habrá crecido. Salir de este ciclo ansioso requiere comprender que la ansiedad es fea; pero no mata. Requiere aprender a tolerar la molestia que me causa y esperar que pase, porque va a pasar.
No la podemos eliminar del todo, pero sí podemos dejar de girar alrededor de ella, para que nos haga menos daño, podemos escucharla, tiene cosas para decirnos; cosas que nos asustan; pero a las que podemos dejar de tener miedo. La ansiedad es una respuesta frente al miedo. Es espera incierta que no se puede soportar. Se trata más de entender dónde estamos y qué nos está pasando en ese lugar. De escuchar su mensaje. Dejar de sufrir por ansiedad, es siempre resultado de crecer, de aprender. Aprender que tengo recursos, que soy más fuerte de lo que hoy creo que soy, que la realidad es lo que es y si respiro y la acepto con el corazón dispuesto y la mente abierta, experimento más paz.
La ansiedad puede presentarse en nuestra vida, en formas e intensidades distintas. No es lo mismo un nivel elevado de nerviosismo, que una agorafobia que es el miedo a salir a la calle, una ansiedad de separación, que es el miedo que tienen los niños a quedarse en el colegio, o a perder de vista a los padres en la casa, un trastorno de ansiedad generalizada, que es una inquietud molesta permanente, un trastorno obsesivo compulsivo, que nos lleva a repetir conductas de chequeo para evitar que pasen cosas malas, que un ataque de pánico, cuyos síntomas físicos son tremendamente molestos y creemos que estamos sufriendo un infarto. Nos enteramos en la emergencia del hospital, que fue un ataque de pánico y somos derivados a psiquiatría y psicología.
Salir de la ansiedad no es sencillo. No hay tal cosa como un plan de 5 u 8 pasos. Cada uno ha llegado a ese punto por caminos diferentes, y es necesario explorarlos, para comprender y tomar decisiones que ayuden. En terapia planeamos un camino, que empieza por la escucha de uno mismo. ¿Qué es lo que más te duele?, ¿qué te angustia profundamente? ¿Cómo he llegado a este punto? ¿Pérdidas?, Rupturas? ¿Enfermedades? ¿Problemas legales? ¿Cansancio? ¿Insatisfacciones no resueltas? ¿Peleas familiares? ¿Qué viejas ideas necesito cuestionar? ¿Qué formas de pensar debo cambiar?: ¿Sobre exigencias?, ¿Intolerancias?, Perfeccionismo?, ¿Necesidad de aprobación? ¿Qué está pasando en mi vida que me resisto a aceptar? ¿Qué emociones experimento? ¿Sentimiento de culpa? ¿Miedo a la incertidumbre? ¿Asco? ¿Miedo al futuro? ¿Qué hábitos me hacen daño? ¿Adicciones? ¿al celular? ¿Alcohol? ¿Drogas? ¿Irregularidad del sueño? ¿Sedentarismo? ¿Qué relaciones me hacen daño? Las relaciones intermitentes de presencia ausencia generan mucha ansiedad ¿Lo que estoy haciendo para disminuirla, ayuda o empeora? Está comprobado que la evitación la empeora.
Aunque cada uno tiene una forma particular de sufrir, los síntomas de ansiedad y los patrones conductuales que la mantienen y acrecientan tienden a ser comunes y están ya identificados. Es bueno conocerlos para ahorrarnos malestar. Podemos identificar cómo entramos y también, cuáles pueden ser los caminos de salida. Hay también identificadas, un grupo de técnicas que ayudan a desactivarla, como la respiración, la relajación y la llamada Defusión Cognitiva, que no es más que el cuestionamiento y separación de aquellos pensamientos que creíamos realidades incuestionables. Aprendemos a usar con nosotros mismos, un lenguaje tranquilizador en lugar de un lenguaje que encienda todas nuestras alarmas.
¿Dormir bien, evitar intoxicarte de cualquier manera, comer sano, ejercitarte a diario, relajarte, respirar, incluso tomar remedios, te van a ayudar? Sí, todo eso es necesario; pero, no es suficiente. Tu ansiedad cumple una función. Es una señal de que debes escucharte, analizar tus relaciones, el estrés y el dolor que cargas, mirar tus pensamientos, tus emociones, tus intentos fracasados de solución. Hay cambios que hacer en cada una de esas áreas para aliviarla lo suficiente como para seguir adelante con la vida que te gusta vivir. Si estás sufriendo de ansiedad, busca un espacio de terapia, un espacio para hablar de tu angustia. No es debilidad, es cuidado, es salud, es bienestar.